Capítulo 2 — De Cierto Niño Pequeño

—Vamos, ¿hasta qué hora vas a dormir? ¡Despierta!

El niño escuchó la voz familiar de su hermana mayor en el aire de la mañana.

Se movió perezosamente con muchos off y aaah y otros sonidos inarticulados, hasta que una brillante luz le atravesó los ojos.

Amanecer, era de día.

— ¡¿Es de día?!

El niño se lanzó fuera de su lecho de paja y dio un gran estiramiento.

Aspiró una bocanada de aire frío y confortable. Un aroma fragante de algún tipo flotaba en el aire.

¡Pan!

Era el desayuno.

— ¡Si no te apuras y te levantas, no quedara nada del desayuno!

— ¡Lo sé! Le gritó a su hermana, y rápidamente se cambió de ropa.

Si ya era de día, no podía perder ni un minuto más, ni un segundo más. Además, tenía hambre.

Cuando cierro los ojos, la mañana viene enseguida, entonces ¿por qué tengo tanta hambre?

Tal vez su hermana lo sabría. Quería preguntar, pero ahora el desayuno era más importante.

— ¡Días, herma!

— Creo que te refieres a buenos días. Dijo molesta mientras él volaba hacia la cocina (y el comedor y la sala de estar, era una casa pequeña). —Sheesh. Es por eso tenemos que tenemos que hacer que ella te cuide.

—Hrk… Ella no tiene nada que ver con esto. Cuando su hermana educó a su vieja amiga que vivía en la casa de al lado, el niño adoptó la misma expresión de disgusto que ella.

La vecina era menor que él, pero ella podía hacer casi cualquier cosa, así que todos lo trataban como si él fuera menor y la hacían responsable de él. Se quejaba ante su hermana de ello, pero ella sólo sonreía. Uno pensaría que una hermana mayor podría tener más en cuenta los sentimientos de su hermano pequeño.

—No importa, tú sólo come.

—…Sí, hermana.

Su objeción fue rechazada despiadadamente, y ella le hizo un gesto, con una gran cuchara, para que se sentara a la mesa.

Los platos en la mesa incluían pan, todavía caliente y una sopa hecha de leche. Habría huevos fritos en los días en que las gallinas ponen huevos, pero eso no sucedía tan a menudo. Su plato favorito era el estofado, que sólo podían hacer cuando habían matado a una de las gallinas.

Le dolió el estómago por los deliciosos olores.

Tomó una cuchara y decidió no dejar que se enfriara.

— ¡Hey, reza tus oraciones! Dijo su hermana, que parecía tener ojos en la nuca, mientras vigilaba la sopa.

Pesarosamente el niño puso la cuchara sobre la mesa y entrelazó sus manos.

—Oh [Uno] que es más grande que los ríos y más ancho que los mares, gracias por darnos la sabiduría para obtener este alimento.

— ¡Bien, bien!

Era típico en estas aldeas pioneras creer en la Madre Tierra, y el niño se enorgullecía de que su familia fuera diferente. Su hermana había aprendido a leer, escribir y hacer matemáticas en el templo del Dios del Conocimiento e incluso empezaba a enseñar allí. Era lo que les había permitido sobrevivir incluso después de la muerte de sus padres, y por eso tenían que estar agradecidos con la deidad.

Pero… el chico pensó. Sorbió un poco de sopa, luego arrancó un pedazo de pan y lo remojó en la sopa antes de comerlo. Yo, yo quiero ser un aventurero.

Ciertamente no era algo que pudiera decirle a su hermana.

— ¡Asegúrate de estar fuera de los Bosques Orientales!

— ¡Lo sé!

— ¡Vuelve al mediodía y ve al templo!

— ¡Lo sé, lo sé!

Mientras su hermana le insistía desde atrás, el niñoo se puso en marcha por un camino que conocía desde su nacimiento.

Bueno, quizás no desde que nací, exactamente…

En su espalda se sacudía la espada de madera que su hermana le había dado recientemente por su cumpleaños. Uno de sus juegos favoritos de estos días era balancearla y fingir que era un aventurero. Por supuesto, en su mente, no era fingir.

Mi grupo es pequeño hoy.

La chica de al lado iba a la ciudad ese día. No es justo. No es nada justo.

—Ni siquiera yo he ido a ver la ciudad todavía. Desenvainó su espada y dio unas cuantas impulsivas estocadas contra la maleza.

— ¡Tú, niño! No agites esa cosa donde hay gente alrededor, es peligroso.

Por supuesto, un granjero de mediana edad que estaba parado en una esquina lo vio y gritó. Debe haber estado regando sus campos. Hubo un sonido mientras estiraba sus caderas encorvadas.

—…Sí, señor. El niño comprendió lo que hizo pensando en su hermana, y envainó obedientemente la espada. —Lo siento.

—Ten cuidado, ahora. Golpeando suavemente la parte baja de su espalda, el granjero comenzó a alejarse de su campo, sonriendo por estar en un breve descanso. Se acercó al niño y dio un largo suspiro, cogiendo una toalla de mano de su cintura y limpiándose la cara. Estaba cubierto de tierra y polvo, barro y sudor, y la toalla se manchó rápidamente de marrón.

— ¿Dónde está esa chica con la que siempre andas?

— ¿Ella? Hoy está en la ciudad Dijo el niño con una pizca de molestia, pero el granjero sólo asintió con la cabeza.

— ¿Es así? Ya veo… Ella es una cosa dulce. Quizá consiga ropa bonita en la ciudad. Saborea la expectativa, niño.

—No creo que se vea bien con cosas lujosas. Infló sus mejillas. El granjero le dio una palmadita con su mano áspera y sucia. Al ver al niño, el granjero volvió a reírse.

—Bueno, espera a verla. Guárdatelo para ti por ahora.

—Hrm…

—Di, niñoo. Vas al templo al mediodía, ¿no?

—Uh-huh. Mi hermana dice que tengo que estudiar.

—Tiene razón en eso. El granjero asintió, frunció el ceño y luego golpeó suavemente la parte baja de su espalda con un puño. —De hecho, mi cadera me está molestando otra vez. Dile a los monjes que me vendría bien un poco de medicina.

—Claro. Medicina para las caderas, lo tengo.

El niño asintió, y la cara curtida del granjero se convirtió en una arrugada sonrisa. “Buen chico”, dijo. —Oh, y chico. Te han dicho que te alejes de los Bosques Orientales, ¿no?

—Sí. Dijo el chico, moviendo la cabeza. Ahora pensando en ello… — ¿Pero por qué no debería ir allí?

— ¿Qué, no te lo ha dicho tu hermana?

—No. Nunca pregunté.

—Los Bosques Orientales… El granjero cruzó sus brazos con seriedad, dando un profundo suspiro. —…Hay goblins allí.

—Un aventurero, ¿huh? Me pregunto si realmente nos ayudarían.

Por el tosco camino que llevaba el pueblo pionero había un denso y oscuro bosque.

En la entrada, tembló uno de los jóvenes del pueblo, aunque tenía más de treinta años.

El que había hablado sostenía una vieja lanza oxidada, pero parecía intranquilo y poco seguro. Después de todo, habían pasado más de diez años desde que se había ido a la guerra llevando esa arma. E incluso entonces, la batalla había terminado mientras él estaba todavía en la retaguardia, y todo había quedado en nada.

Ahora cualquiera en la aldea con una pizca de experiencia en batalla, había sido convocado para que se enfrentara a los goblins, pero no estaban muy bien preparados.

—El Gremio puede hacer promesas, pero no quisiera toparme con algún bandido…

—Yo, tengo miedo a la magia negra.

Las susurrantes voces pertenecían a dos ansiosos hombres de unos veinte años.

Tenían hachas hechas para cortar leña, ajustando y reajustando su agarre sin descanso.

—He oído que tampoco puedes bajar la guardia con las mujeres (aventureras), o te succionaran el alma.

—Sí, yo también lo oí. Dijo un exsoldado lo más bajo que pudo. — ¿Había una joven, en el pueblo de los fabricantes de seda al otro lado de las montañas?

—Oh, sí, la hubo.

—Bueno, ella dijo que no quería una larga vida comiendo pan duro. Iba a vivir una vida rica y corta como aventurera.

—Se fue de casa, ¿huh?

—Claro que sí. Pero sabes qué, en realidad era porque estaba E-N-A-M-O-R-A-D-A de una chica elfa, una hechicera que había venido al pueblo.

—Aww, mierda.

—Por supuesto, a veces es al revés. Las chicas son capturadas o violadas por aventureros que vienen a su pueblo todo el tiempo, ¿no?

—Basta de estupideces. ¿No lo dijo mi abuelo? El líder del grupo, un hombre de veinte y tantos años, que parecía ser el próximo jefe de la aldea, habló con una severa expresión. —Los únicos pueblos que sobrevivieron a un ataque goblin fueron los que contrataron aventureros.

—Sí, pero…

— ¿O deberíamos enviar a tu hija con a los pequeños demonios como ofrenda?

—Oye, ahora…

—Al menos debes haber oído la historia del mercader ambulante cuya hija fue raptada.

El ex soldado asintió con la cabeza estando acuerdo, mientras el tímido hombre se quejaba de que esto no era bueno, que no soportaba pensar en ello.

—Lo que sé es que mi abuelo no está equivocado. Sabe mucho más sobre peleas que yo.

—Sí, pero son goblins. No tenemos que contratar a ningún aventurero, ¿verdad? Si los dejamos en paz, ¿no serán…?

—Cuando vienen uno o dos, puedes expulsarlos. Los goblins no son un gran problema. Su líder agitó la cabeza, aun mirando seriamente. —Pero el abuelo dijo que cuando empiecen a establecer un nido… vendrán por nuestras esposas e hijas.

—Sí…

—Pero, mira. No hay mucha esperanza de que nosotros podamos matar a todos esos goblins nosotros mismos, ¿verdad? Mientras el ex soldado hablaba, el tímido hombre dio un grito como si se estuviera enfrentando a la muerte en ese mismo momento.

—Cla…cla…cla…claro, no podemos. Tal vez podría ahuyentar a un goblin que viniera al pueblo, pero…

—Bueno, ahí lo tienes. Dijo el ex soldado. —Así es como los aventureros llevan comida a sus mesas, dejémosle que lo manejen.

—Tch. Murmuró el líder —Qué llorón, cobarde…

—Vale, vale, tienes que pensar en sus sentimientos también. Dijo el ex soldado llanamente, protegiendo al tímido hombre de los ataques. —Sabemos que estás comprometido con la hija del jefe, y que estás preparado para el futuro, pero no todo el mundo lo tiene (un futuro).

Frente a este argumento, todos callaron, incluido el líder.

Los jóvenes del pueblo estaban fascinados con los aventureros. Querían amar a las mujeres, comer comida deliciosa, vivir la alta vida. No querían pasar sus vidas arando la tierra del campo. Preferirían luchar contra un dragón. La disposición para enfrentar la muerte llegó fácilmente a sus labios, para ser más exactos, a sus corazones.

Y las mujeres jóvenes eran muy parecidas. Todo lo que podían esperar era convertirse en una de las tontas con la cabeza vacía, que no tenía otra cosa que hacer más que trabajar en el hogar y la granja, o servir al dios en el templo para rezar hasta el momento de su muerte. Si tuvieran mala suerte, podrían ser atacadas y violadas por bandidos o similares, o llegar a ser tan pobres que venderse a sí mismas se convirtiera en su único recurso.

Entonces, ¿por qué no pasar una noche soñando con un aventurero, o abrazar la fantasía de viajar con uno? El más fuerte entre ellos podría incluso reclamar su derecho a convertirse en aventurero.

—Cualquiera se preocuparía por su propia hija, hermana, hijo o hermano.

La vida del pionero en la frontera era cruel.

Los monstruos aparecerían siempre, pero ciertamente no podías contar con que el ejército viniera a protegerte. Su Majestad el rey, cuyo rostro nunca habías visto, seguramente estaba ocupado lidiando con dragones y dioses oscuros, que eran más importantes que tú.

Un templo donde ellos orarían a los dioses en tu nombre podría ser construido como una medida de apoyo, y quizás eso era reconfortante a su manera.

Y había impuestos. La lluvia cayó, el viento sopló, el sol brilló. Algunos días estaban nublados. Y allí había goblins.

Si el dinero se agotaba, siempre estaba la prostitución, o viajar a algún lugar donde encontrar trabajo… y para los jóvenes, era natural soñar en convertirse en aventureros.

Si eso era lo que querían, podían haber intentado simplemente convertirse en empleados en el gremio de aventureros de la capital.

Pero sin educación ni dinero, esto también era sólo un sueño dentro de un sueño.

—Espero que un buen y fuerte aventurero venga por nosotros…

— ¿Esperas? Por eso el rey gasta nuestro dinero de los impuestos para construir Gremios. No te preocupes.

—…Sí.

Más importante que sus sueños o dinero eran los goblins que estaban muy cerca.

Los tres jóvenes se miraron y luego suspiraron profundamente.

Probablemente por eso ninguno de ellos notó que el niño se escabullía silenciosamente en el bosque, solo.

Goblins.

¿Qué eran exactamente esas criaturas a las que los adultos temían tanto?

El niño nunca había visto uno, así que ahora quería echar un vistazo.

¡Entonces tendré algo de que presumir!

Era la simple lógica de un niño.

Había oído que los goblins eran los monstruos más débiles. También sabía que cuando uno o dos habían aparecido en la aldea, los adultos los habían eliminado.

Si eso fuera verdad, ¿tal vez podría manejarlo? Y si pudiera…

Podría presumir aún más.

El niño caminó descuidadamente por un sendero familiar, balanceando su espada de madera.

Los humanos no habían dejado su huella en este bosque, y estaba oscuro incluso al mediodía. Los árboles crecían densamente; los olores de musgo y animales se mezclaban en el aire.

A menudo se le había advertido de lo peligroso que era, pero hoy era especialmente alarmante. Pero el peligro y la rareza eran la razón por la que venía tantas veces a jugar aquí.

—… ¿Hm?

El niño se detuvo cuando vio un conjunto de huellas desconocidas en el lugar donde siempre iba a jugar. Eran más grandes que las huellas de su amiga, del mismo tamaño que las suyas. No eran ni lobos, ni zorros, ni ciervos.

—… ¿Un goblin?

En el momento en que habló, el viento sopló a través de la hierba y las hojas.

Tragó pesadamente. De repente descubrió que tenía la boca seca y le dolía la garganta.

Las palmas del chico empezaron a sudar, y rápidamente reajustó su agarre en la espada.

— ¡S-si estás ahí, s-sal y dame…!

Actuando con valentía, aunque él no lo consideró una actuación, el niño trató de lucir lo mejor posible.

El viento sopló de nuevo, trayendo un olor fétido y húmedo.

¿Dónde está?

El chico respiró hondo, y exhaló. Eventualmente, comenzó a moverse de nuevo.

Agitó su espada sin razón alguna, despejando la maleza y ramas, y golpeando raíces.

Nada pasó. Sólo había el silencio de un bosque que se había quedado callado.

¿No hay nadie ahí?

—Pff, lo ahuyenté.

El niño se secó la frente con un movimiento exagerado y se secó las manos en la camisa. Al tocarla, se dio cuenta de que la tela estaba empapada de sudor, y su corazón latía con fuerza.

Volvió a tragar, agitó su cabeza. Levantó su voz como para tranquilizarse.

—B-bien, volvamos. ¡No querrás preocuparte hermana!

Se giró… y vio a un goblin blandiendo un garrote.

—Ee… eek…

— ¡¿GORRB?!

El goblin parecía estar casi tan sorprendido como él. Se congeló con el garrote en el aire.

La criatura era de su altura, con los ojos y la boca sucios. Piel verde pálida. Y su aliento olía como a carne podrida.

— ¡¿Un g-g-goblin?!

— ¡¿GB?!

Su espada de madera, que se había movido reflexivamente por el susto, golpeó a la criatura en la cabeza con un seco thwack.

El pensamiento que corrió a través de su cabeza fue, “¡Lo hice!” Y la sensación que corría por su tripa era, “Oh, no…” Pero eso fue demasiado tarde.

—GGGGG…

El goblin se levantó inestablemente, agarrando su cabeza. Había un chorro de sangre. El chico jadeó.

— ¡GOORBOGOOROB!

El goblin soltó un grito, sus ojos ardían, y al mismo tiempo el niño salió disparado como un conejo asustado.

Corre, corre, corre, corre. Tropezando, casi cayendo, cayendo, moviendo sus pies rápidamente, pero con dificultad. Ni siquiera sabía si estaba saliendo del bosque o entrando más profundamente en él. Una vez salido del sendero, no había forma de saber en qué dirección iba por el bosque.

— ¡Ergh… ahhhh…!

Estaba sin aliento. Estaba jadeando por falta de aire. Le picó la garganta. Le dolía todo el cuerpo. Tenía los pies pesados. Pero seguía corriendo.

No había tiempo para mirar atrás. No escuchaba la voz del goblin, pero pudo haber sido por el zumbido de sus oídos.

— ¡Oh! ¡¿D-dónde…?!

El chico había llegado a un lugar que nunca había visto.

Un claro, justo en medio del bosque. ¿Siempre ha estado ahí? Y no sólo eso, ¡pensar que habría una cueva!

Desesperadamente succionando aire para su confundida cabeza, el chico se arrastró entre los arbustos. No fue ahí para intentar esconderse. Simplemente no podía dar otro paso.

Su respiración era débilmente audible mientras luchaba por controlarla.

Entonces…

—………

Escuchó pasos atrevidos y despreocupados.

Miró en la dirección del sonido, y luego colocó sus manos en su boca para callar el “¡Oh!” que se le escapó.

Goblins.

Dos de ellos, y ninguno tenía una herida en la cabeza. ¿Eso los hacia tres?

—GORBBRB…

—¡GROB! ¡GBRROB!

Parloteaban entre ellos, balanceando los garrotes en sus manos, y luego compartieron una vil carcajada.

El niño no podía entender su idioma, pero podía adivinar lo que decían.

Porque él mismo había dicho cosas similares, entraban en calor para la lucha que se avecinaba.

— ¡Irán al pueblo!

Tenía que avisar a todos.

Sus pies se movieron sin que se diera cuenta. Y cuando sus pies se movieron, la maleza crujió.

— ¿GBRO…?

Demasiado tarde.

Horribles ojos amarillos de goblin se volvieron hacia el arbusto donde el niño estaba congelado.

Un rechoncho dedo señaló, y el otro goblin hizo una siseante y horrible carcajada. Un paso, seguido de otro. Los dos goblins se acercaron.

Los dientes del niño castañearon. De alguna manera, se las arregló para agarrar su espada de madera. Tenía que huir. Tenía que…

¿Pero cómo?

— ¡¿GBOROBR?!

Al instante siguiente, una espada salió de la garganta del goblin más alejado.

— ¡¿GORB?!

El otro goblin se volvió hacia el grito de su compañero.

Justo detrás de la criatura que arañaba el aire, y chorreaba sangre mientras caía, el chico lo vio.

Él… tenía que ser… un aventurero.

Un casco de acero de aspecto barato. Una armadura de cuero sucio. Un pequeño y redondo escudo estaba adherido a su brazo izquierdo, y sostenía una espada de extraña longitud.

No era nada parecido a los gloriosos aventureros de fantasía, o a los patanes que a veces visitaban su pueblo.

Y sin embargo era, sin duda, un aventurero.

—Ese es uno.

La voz era baja y desapasionada, casi mecánica. El chico no estaba seguro de cómo el sonido había llegado a sus orejas.

El otro goblin estaba perplejo. El monstruo miró primero el garrote que tenía en la mano, luego al aventurero, y luego a la entrada de la cueva.

Y salió corriendo hacia la entrada de la cueva.

Venganza, ira y miedo lo impulso a dirigirse hacia sus compañeros.

En ese lapso, el aventurero sacó su espada del cadáver del goblin muerto.

—Dos.

La levantó y la lanzó.

— ¡¿GOROB?!

El goblin se cayó hacia delante, retorciéndose, con la espada atravesando su columna vertebral, aunque el niño aún no sabía lo que era una columna vertebral.

Finalmente, la criatura en el suelo volvió a temblar, y luego se quedó quieto.

—Hrm.

El aventurero gruño silenciosamente y se acercó a los dos cuerpos con pasos audaces e indiferentes.

—Retiró la espada, sacando las hebras de materia gris de ella, y luego hizo un “tsk” y la tiró.

En vez de eso, el niño lo vio tomar algo así como una daga del cinturón de uno de los goblins.

— ¡Oh…!

No… no puedes… hay más… Las palabras salieron de él de repente.

— ¡Aún hay otro goblin ahí fuera!

La reacción del aventurero fue demasiado rápida. Giró, levantó la daga, y la lanzó, todo en un solo movimiento. Hubo un silbido en el viento, un grito medio formado, y un golpe de algo pesado cayendo a la tierra.

— ¡¿GBOROB?!

El goblin de antes estaba detrás de él, no muy lejos, chisporroteando y ahogándose en la sangre que brotaba de su garganta.

— ¡Oh…!

Sólo entonces se dio cuenta de lo cerca que estaba de ser asesinado.

La espada de madera se resbaló de su temblorosa mano, golpeando al suelo a sus pies.

—Son tres, entonces.

Aplastando la hierba y haciendo a un lado los arbustos, el aventurero se acercó.

Su guante de cuero abollado levantó el arma de madera del suelo, y luego se la entregó al niño.

— ¿Eh? Ahh…?

—Lo siento. Mientras el confundido chico tomaba la espada, el aventurero continuó, en silencio y calmadamente, pero de forma inconfundible.  —Gracias por la ayuda.

Entró en la cueva sin mirar atrás, y el niño lo vio irse.

— ¡Por qué, tú…! Y después de que te dije todas esas veces que no fueras al bosque.

— ¡Lo siento mucho, hermana!

Se había apresurado al templo e intentó ocultarlo, pero su hermana pronto se enteró de todo. Después de todo, no había otro lugar donde pudiera jugar que lo hubiera dejado tan cubierto de arañazos.

Ella lo arrastró por la oreja hasta su casa, donde soportó una tormenta de sermones, algunos primeros auxilios y luego la cena.

El ungüento que usó ardió terriblemente. Ella lo envolvió en vendajes, y finalmente le dio una buena bofetada que hizo que el niño saltara un pie en el aire.

Honestamente, él deseaba que ella fuera un poco más amable con él, pero no podía decírselo.

—Cielos y todo lo demás. Siempre dices, “Lo sé, lo sé”, pero no sabes nada.

Esos pequeños comentarios continuaron mientras comían, hasta que por fin su hermana dio un gran suspiro.

—De todos modos… al menos no estabas seriamente herido. Luego sonrió aliviada.

Realmente la preocupé.

El chico sintió una punzada en el pecho ante la idea. — ¿Um… y los goblins?

—No te preocupes por ellos. Ese aventurero se deshizo de todos ellos.

Su hermana sonrió tan brillantemente como el sol, luego frunció el ceño y señaló hacia su habitación.

— ¡Eso significa que no hay nada que te mantenga despierto por la noche, así que ve a dormir! Tu amiga volverá mañana, ¿verdad?

— ¡Oh, sí!

El chico saltó de su silla, pero con la mano en la puerta del dormitorio, se giró.

—Buenas noches, hermana. Y… lo siento.

—Buenas noches, tú… no hagas nada peligroso, ¿de acuerdo?

—…Seguro.

Abrió la puerta, entró en su habitación y la cerró detrás de él. Exhaló.

Realmente había sido largo día. Había sido perseguido por goblins, atacado por ellos, y regañado por su hermana.

Pero…

Acurrucado en su cama, el chico se dio la vuelta hasta mirar la espada de madera en la pared.

Había golpeado a un goblin con esa espada. Un aventurero la había recogido para él.

El nerviosismo y la excitación persistentes de ese momento todavía le hacía latir el corazón.

—Me pregunto… cómo será su cara.

¡Conocí a un verdadero aventurero!

No, eso no era todo.

¡Ayudé a un verdadero aventurero a vencer a unos goblins!

Eso era algo de lo que podía presumir.

Era mucho mejor que comprar ropa sofisticada en la ciudad.

Satisfecho con el resultado de su aventura, el niño cerró los ojos, ansioso por que llegara el día siguiente.