Capítulo 10: De ir y volver allí de nuevo.

La noche estaba llegando mientras el carruaje compartido llegaba a su parada. El sol que se hundía arrojaba sus últimos rayos rojos, y el mundo estaba pintado de un púrpura junto a trazos de oscuridad. La sombra estirada del vehículo se fusionó con las enormes siluetas deformadas de la ciudad, creando figuras caricaturescas y extrañas.

Cuando él oyó a los niños correr a casa en la distancia, Goblin Slayer se relajó. No entendía por qué sus músculos se pusieron tan rígidos en el carruaje, a pesar de que todo lo que hizo fue viajar. Estaba completamente despierto, pero su cuerpo se sentía pesado, su cabeza confusa y sus pasos inciertos y ligeros.

Supongo que este es el momento. Lo decidió, cerrando sus ojos durante unos segundos para hacer disminuir el dolor sordo que llevaba dentro de ellos. Recordó haber oído en alguna parte, una vez, que los seres humanos sólo podían luchar continuamente durante, en el mejor de los casos, unos veinte días. Sin descanso, más de eso probablemente deterioraría sus habilidades de varias maneras.

Goblin Slayer no era tan optimista como para asumir que podría durar tanto.

Se puso en camino con paso firme, en línea recta hacia el edificio que se alzaba junto a la entrada principal, el Gremio. Él haría su reporte, recogería su recompensa, revisaría su equipamiento, descansaría un poco, y luego saldría una vez más a matar goblins.

Era exactamente la misma rutina que siempre seguía. Nunca cambió. No podía.

Pero cuando fue a abrir la puerta del Gremio…

— ¡Whoa!

—Oh… dios.

La puerta se abrió por el otro lado, y casi se choca con un hombre y una mujer saliendo. El hombre saltó unos pasos hacia atrás cuando vio el casco de acero cubierto de manchas carmesí. Su bien dotada compañera simplemente estaba de pie con su bastón preparado y sus labios formando un elegante arco.

—Caray, amigo. Dijo el lancero con una expresión tremendamente cansada. —Tienes que dejar de andar por ahí con el casco puesto.

— ¿Te sorprendí?

— ¡No más de lo normal!

—Tú… ya sabes, tú… pareces una armadura… viviente, ¿sí?

Las risitas de la bruja parecían hacer que el ya desconcertado lancero se irritara aún más.

Goblin Slayer movió su yelmo de un lado a otro, mirándoles sin inquietud. El lancero estaba equipado con su armadura y su amada lanza, y una mochila que colgaba de la punta. En cuanto a la bruja, llevaba su atuendo habitual y sostenía su bastón habitual. También llevaba un recipiente cilíndrico con un pergamino dentro. Era perfectamente obvio a dónde iban los dos.

— ¿Van a una aventura?

—Sí. Los ojos de la bruja, agraciados por largas pestañas, se entrecerraron un poco. —Una cita… si lo prefieres.

— ¿Y supongo que has ido a matar goblins?

—Sí. Asintió Goblin Slayer. —Acabo de terminar.

—Feh. Claro. Murmuró el lancero, y luego abrió la boca para decir otra cosa. Pero una expresión difícil de describir atravesó su rostro; miró del casco al Gremio y viceversa, y luego cerró la boca sin decir nada.

Goblin Slayer empujó la puerta, haciéndose a un lado para dejarles pasar. Después de un momento de reflexión, pensando que debía decir algo, dijo cortantemente —Ten cuidado.

—Eres la última persona de la que quiero oír eso.

El lancero golpeó con el puño el hombro de Goblin Slayer al pasar. É l ya estaba en camino cuando Goblin Slayer miró su hombro con un toque de perplejidad. Cuando levantó la vista de nuevo, encontró a la bruja dándole una sonrisa extrañamente significativa antes de hacer su salida, con sus caderas moviéndose.

—…Hmm.

Goblin Slayer ladeó un poco su cabeza, soltando la puerta medio abierta. Crujió cuando se cerró deslizándose, y luego la volvió a abrir, esta vez solo.

El estruendoso griterío dentro del edificio lo envolvió. Un equipo estaba agrupado en la recepción, tratando de reportar su aventura. Otro miraba el tablón de anuncios, buscando un trabajo que pudieran empezar inmediatamente. Algunas personas estaban pasando el rato en el bar, disfrutando de un día libre, mientras que otros estaban ansiosamente tomando nuevas aventuras. Era ruidoso, era grosero, y todo el lugar resonaba con el sonido de las armas, el equipamiento y las voces.

Goblin Slayer dio un vistazo a la escena desde la entrada, y luego se dirigió a la sala de espera. Pudo ver que la recepcionista estaba ocupada ayudando a otros aventureros. Su cabeza se inclinó en respuesta a su leve reverencia, y se sentó en el banco.

— ¡Oh!

— ¡Ah!

Esto provocó un par de exclamaciones incoherentes cerca. Se giró a mirar y se encontró con un joven y una joven que parecían completamente exhaustos.

Era el guerrero novato y la sacerdotisa aprendiz. Quizás habían tenido una pelea en el agua, porque sus cabellos estaban húmedo, y estaban empapados de pies a cabeza. De todos modos, había una pizca de emoción en sus caras, probablemente por el placer de un trabajo terminado.

Un garrote colgaba junto a la espada en la cadera del chico. Eso estaba sucio y viejo, y había un lazo de cuerda en la empuñadura. Goblin Slayer inclinó ligeramente su casco.

—Así que lo estás usando.

—…Oh, uh, sí. El guerrero novato se movió incómodo, y luego golpeó suavemente al garrote con la palma de su mano abierta. —Es bastante bueno.

— ¿Ah, sí? Goblin Slayer dijo asintiendo.

El guerrero novato se rascó la mejilla de una manera que sugería indecisión, y luego dijo —He estado pensando…

—…

—Tal vez lo llame Masher (Machacador).

—Ya veo.

—Oye. Dijo la sacerdotisa aprendiz, golpeando al joven guerrero con el codo. —Ese nombre es vergonzoso.

El guerrero novato gruñó, pero no se echó atrás. —Sí, pero…

Goblin Slayer los miró mientras empezaban a discutir, y luego se pusieron en pie.

El equipo frente a la recepcionista se había ido.

Goblin Slayer se quedó en silencio un momento, pero antes de empezar a moverse murmuró —Eso no está mal.

Su discusión se detuvo en un instante. El chico y la chica se quedaron boquiabiertos ante el casco de acero barato como si no pudieran creer lo que acababan de escuchar. El casco se inclinó un poco para mirarlos.

—No servirá para lanzar, pero esa cuerda es inteligente. Continuó la silenciosa voz. —Tal vez lo intente.

Los dos jóvenes aventureros se encontraron mirándose el uno al otro, mientras Goblin Slayer les daba la espalda y se alejaba.

En la recepción, la recepcionista, acabando con los otros aventureros, estaba enderezando un montón de papeles. Cuando vio el sucio casco de acero, sonrió.

— ¡Bienvenido, Sr. Goblin Slayer!

—Gracias. La silla crujió bajo su peso mientras se sentaba, y registró brevemente algunos objetos desconocidos en la recepción. Eran muñecas lo suficientemente pequeñas como para caber en la palma de la mano—no, se trataba de un grupo de cinco o seis piezas con forma de aventureros.

—Oh, ¿estos? La recepcionista no pudo contener ni una risita mientras acariciaba una con la punta de un dedo. Parecía un guerrero con armadura ligera. Estaba de pie con un pequeño escudo y una espada, y ella lo puso suavemente en su mano. —Los encontré el otro día… Son sólo piezas de un juego, pero me sentí un poco mal guardándolas en algún lado.

— ¿Ah, sí?

Ella asintió y volvió a poner la figurita en su sitio. Un explorador con armadura ligera, un caballero con casco de acero, una hechicera elfa, un guerrero enano y un monje anciano.

— ¿Esto es… un equipo?

—Sí. Aventureros que partieron para cerrar la puerta de la tumba que lleva al infierno. No es que lo hayan conseguido. Ella se rascó la mejilla.

—Está bien equilibrado.

—Sí. Es un equipo muy bueno. Ella habló de su aventura como si realmente hubiera ocurrido. Cómo habían encontrado la entrada a la tumba, luchado con un monstruo guardián de verde, y el terrible laberinto…

Goblin Slayer escuchó en silencio, hasta que la recepcionista volvió a si misma con un sobresalto.

— ¡Perdóname! He estado todo este tiempo…

—No te preocupes. Dijo Goblin Slayer agitando su cabeza. —Es muy interesante.

— ¿Lo es? La recepcionista ladeó su cabeza con una ligera sacudida de sus trenzas. Luego tosió levemente. Ella le ofreció una taza del té que había preparado y se sentó de nuevo en su asiento.

—Así que, uh… ¿cómo te fue en tu misión?

Goblin Slayer tomó la taza y la vació, luego dijo: —Allí habían goblins.

Cierto, cierto. La recepcionista sonreía como si esto la hiciera feliz, con su pluma bailando a lo largo de la página. ¿Cuántos eran? ¿Cómo se habían preparado? ¿Cómo los había matado? ¿Rescató a alguien? ¿Tuvo éxito la misión?

Él le dio la información desapasionadamente. Todo era como de costumbre. Otro trabajo de matar goblins por Goblin Slayer. Cuando ella terminó de anotar un reporte rápido, lo leyó de nuevo, revisándolo todo.

Todo estaba en orden. La recepcionista lo felicitó de nuevo por un trabajo bien hecho, y luego puso su sello en el informe. Ahora el trabajo estaba realmente terminado. Todo lo que quedaba era conseguir su recompensa de la caja fuerte.

—Ahora bien, su recompensa… Oh, es verdad. Ella aplaudió con sus manos con uñas bien recortadas. Había algo que no debía olvidar. — ¿Recuerdas el pueblo del otro día?

— ¿Qué pueblo?

—Al que fuiste solo…

—Ah. Asintió. La cueva. Los aldeanos. El niño. El prisionero. —Lo recuerdo.

—Bueno, esa aldea. Dijo la recepcionista con una risita significativa —Te envió un pequeño regalo de agradecimiento.

Ella le dijo que esperara un momento y se escabulló como un cachorro feliz. Sacó una bolsa de cuero de la caja fuerte y la midió en una balanza, asegurándose de que el oro pesaba lo que debía. No hay problema.

Puso la bolsa en una bandeja y luego hizo un “¡hup!” y colocó una cesta incongruente a su lado. El regalo, en la mesa, era una pila de maíz que parecía recién cosechado.

— ¡Dijeron que esto es para que comas!

—Oh-ho.

Goblin Slayer cogió una de las mazorcas; pesaba mucho en su mano. Tiró de las hojas para revelar los hermosos granos dorados.

—Esto está muy maduro.

— ¿No es así? Resaltó su pecho encantadoramente promedio, tan orgullosa como si lo hubiera cultivado ella misma. — ¿Y sabes qué? La persona que lo trajo fue alguien a quien salvaste recientemente.

—… ¿Lo era?, ¿ahora?

— ¡Uh-huh! La recepcionista dejó que sus ojos se desviaran al maíz con una expresión de alivio. Era raro que los aventureros o mercenarios se encontraran con una segunda oportunidad de trabajo cuando habían fracasado ya una vez. —Es genial, ¿eh?

—Sí. Goblin Slayer dejó que su casco se moviera lentamente de arriba y hacia abajo. —Excelente.

Y entonces, con todo el papeleo y los procedimientos terminados, Goblin Slayer tomó la cesta de maíz y se puso de pie. A excepción de los muy recientes inscritos, ninguno de los reunidos en el Gremio le prestó atención especial. Tal vez unos pocos levantaron la vista y dijeron, “Oh, lo ha vuelto a hacer”. No fue diferente para joven aprendiz cuando se asomó del taller, ofreciendo una pequeña reverencia.

Goblin Slayer se detuvo. — ¿Qué pasa?

El chico se limpió las manos en el delantal antes de hablar.

—Aw, nada. Pensé que necesitarías una espada o algo así, y quería venir a tomarte el pedido.

—Ya veo. Asintió Goblin Slayer. —En ese caso, una, por favor.

—Claro que sí. ¿No quiere pedir varios a la vez?

—No. Goblin Slayer acarició la vaina a su lado. —Sólo puedo llevar uno a la vez.

—Ese es nuestro Goblin Slayer. Dijo el joven aprendiz con una sonrisa irónica y una inclinación. —Tendré uno listo para ti, entonces, y… ¡whoa! ¡Eso es maíz! Vio la cesta y parpadeó. —Qué suerte tienes. No me había dado cuenta de que ya era la temporada.

—Lo es.

—Afuera en el campo, antes de venir aquí, solíamos hervir maíz todo el tiempo. Ya sabes, en verano.

— ¿Ah, sí? Goblin Slayer metió la mano tranquilamente en la cesta y sacó dos o tres mazorcas de maíz. Los empujó en la dirección del aprendiz. — ¿Quieres un poco?

El joven aprendiz hizo un sonido de sorpresa. — ¿Puedo? ¿En serio?

—Te debo mucho a ti y a tu maestro.

— ¡B-bueno, claro, entonces! ¡Muchas gracias! Inclinando su cabeza, el joven aprendiz corrió con maíz bajo ambos brazos. — ¡Hey, jefe! Su voz resonó en el taller. Goblin Slayer volteó y caminó.

El día estaba terminando y las aventuras habían finalizado, así que el Gremio estaba repleto de aventureros. Se abrió camino entre la multitud, asintiendo ligeramente con la cabeza cada vez que alguien que conocía le saludaba.

—Cielos. Podrías habernos avisado. Podríamos haberlos cocinado en la cocina.

Justo cuando llegó a la puerta, sintió un tirón en su codo.

— ¿Qué? Miró y vio a la mesera padfoot, sosteniendo su brazo y mirando fijamente en la dirección del taller.

—De hecho, estoy bastante segura de que deberías habernos traído algo de eso primero.

— ¿Eso crees?

—Sí. ¡Podríamos haberla preparado, y todos podríamos haberla compartido! Eso no fue muy amable de tu parte… Ella continuó, apilando las invectivas.

Goblin Slayer asintió y dijo — ¿Es eso así?

Con su cesta de maíz, el aventurero con el casco de acero destacó como siempre.

— ¡Oye, Goblin Slayer! Llamó una jubilosa voz desde la taberna.

Giró su casco para mirar. El guerrero blindado agitó una mano, su cara roja sugería que ya estaba bien metido en sus copas.

—Pareces un hombre que necesita un trago. ¡Ven y brindemos!

— ¿No me digas que quieres que él se una a nosotros? La caballera femenina, con su encantadora cara teñida de un poco de carmesí, hinchaba sus mejillas junto al guerrero.

—Aw, ¿cuál es el prejuicio? Sólo de vez en cuando.

—A algunos nos gustaría algo más que historias de goblins para acompañar nuestras bebidas. Su silla resonó mientras ella se levantaba con un exasperado murmullo de “Oh, olvídalo”, y cambió de asiento. —Muévanse, niños. La paladín está sentado aquí.

—No lo sé, ¿realmente crees que puedes llamarte a ti misma una paladín con una boca como esa…? Dijo el joven explorador.

—Ten cuidado. Mira si no uso Golpe Sagrado en ti un día de estos…

—Claro. No ha sido nada más que Golpe de Escudo contigo últimamente. La chica druida comentó.

—Y qué, por favor dilo, ¿es malo que un caballero use su escudo?

— ¡Culpa a los dioses por no darme milagros!

—Agh, ¡¿quieres callarte de una vez?! ¡Un hombre no puede oírse sus propios pensamientos! El joven explorador y la chica druida habían empezado a discutir como niños cuando la caballera femenina los empujó fuera del camino. El guerrero blindado interrumpió y fulminó con la mirada a todo el mundo. No le prestó atención a Goblin Slayer.

Justo cuando este último estaba tratando de averiguar qué hacer, una sombra apareció a su lado. Era el medio elfo del grupo del guerrero blindado. Hizo una elegante inclinación y guiñó el ojo.

—Tendré unas palabras con nuestros estimados líderes. Por favor, no les hagas caso.

— ¡No bromees! Dijo la mesera padfoot riendo. —Están mááás que borrachos. No hay nada que ver allí. Ella agitó su mano con forma de pata, como si estuviera ahuyentando algo. —Muy bien, señor, váyase. No haría falta hacer esperar a nadie, ¿verdad?

—… Goblin Slayer giró su casco hacia ambos, y luego hacia el guerrero blindado en el bar. Miró hacia arriba y luego hacia abajo. —Gracias.

— ¡No hay problema! Ella respondió las suaves palabras de gratitud con una sonrisa, y él no dijo nada más al salir del edificio.

Empujado por los aventureros que lo rodeaban, abrió las puertas de la taberna y salió. Había una fresca brisa nocturna, y dentro de su casco, Goblin Slayer cerró los ojos. Entonces dio un paso adelante. Bajó por la calle con su habitual paso audaz y casual, dirigiéndose a la entrada principal. Pero la entrada estaba justo al lado del Gremio, así que no estaba muy lejos. Aun así…

Entre la multitud de aventureros y viajeros que se apresuraban a atravesar la entrada, una enorme forma sobresalía por encima del resto. Goblin Slayer se detuvo cuando notó la distintiva silueta, y su dueño también lo vio a él.

— ¡Milord Goblin Slayer! La cara del hombre lagarto se iluminó, e hizo un amplio movimiento de su brazo para llamar la atención del guerrero. Cuando Goblin Slayer se acercó lo suficiente entre la multitud, pudo ver a otros tres al lado del lagarto, todos sus compañeros habituales estaban allí.

Los cuatro parecían exhaustos, con sus ropas sucias, pero una sensación de logro era evidente en sus caras. La nariz del chamán enano se contrajo ante el débil olor a sangre, y abrió una botella de vino para deshacerse de ella.

— ¿Qué es esto? No me digas que vuelves a salir a estas horas, ¿Corta barbas?

—No. Dijo Goblin Slayer agitando su casco. —Voy de camino a casa. ¿Qué hay de ustedes?

—Acabamos de terminar una pequeña aventura.

— ¡Es muy duro con una sola persona en la primera línea! La elfa arquera hizo un sonido de enfado y un exagerado encogimiento de hombros, agitando su cabeza. Luego extendió su brazo y agarró a la sacerdotisa, dándole un abrazo.

— ¡E-eek!

—Apuesto a que estás muy cansada.

—N-no, yo… El repentino contacto físico pareció lanzarla por un bucle; podría o no haber sido por eso que bajó la cabeza tímidamente. —Estoy bien. Gracias a todos por trabajar tan duro para protegerme…

— ¡Ah, y modesta, también! La elfa arquera sostuvo los brazos de la chica, acariciando su cabeza y cantando, “Qué dulzura”. Ella se las arregló para mirar a Goblin Slayer al mismo tiempo, sin intención aparente de dejarle escapar. —Ahora, no soy un enano, pero pensé que deberíamos darnos un pequeño capricho.

—Ya veo.

— ¿Eso es maíz? Los ojos de la elfa, siempre agudos, cayeron sobre la cesta que llevaba Goblin Slayer. A menos que estuviera terriblemente equivocada, estaba llena de maíz amarillo maduro, aún con las hojas. — ¡Ooh! ¡Ooh! ¿Me das un poco? ¿Por favor? Apenas habló, soltó a la sacerdotisa y robó una mazorca.

— ¿Eres un elfo o un rhea? Preguntó el chamán enano, atrapado entre la exasperación y la diversión.

—Está bien. Dijo Goblin Slayer, haciendo que la elfa hinchara aún más orgullosamente su pequeño pecho.

La sacerdotisa estaba ocupada siendo frenética en toda la situación, y el sacerdote lagarto hizo un siseo agudo. —Oh-ho. Esto era un alimento básico en mi tierra natal.

— ¿Eh? ¿Quieres decir que comes algo aparte de carne? Preguntó la sacerdotisa, sorprendida. Podía ver venir una discusión a pesar de sus fatigas, y quería evitarla si era posible.

—A menudo hacíamos mazamorras o las bebíamos en una sopa con miel o agave.

— ¡Wow! Apenas puedo imaginarlo. La elfa arquera se inclinó, su interés se desvió con éxito, y la sacerdotisa dio un pequeño suspiro de alivio.

—En ese caso, prepararé un poco. Ah, sí, milord Goblin Slayer.

— ¿Qué?

—Si puedo molestarle, me gustaría otra ronda de…

— ¿Queso?

—…Mm.

La cabeza del sacerdote lagarto saltaba inquietamente, y no pudo contener ni un golpeteo de su cola contra el suelo.

—Haré que te lo entreguen directamente en tu habitación.

— ¡Ahh! ¡Mi gratitud no tiene límites! Esto se ha convertido en una adicción para mí… Continuó en esta línea, con gritos de “¡Oh, dulce néctar!” y cosas por el estilo.

—Orcbolg. Dijo la elfa arquera, mirando al lagarto por el rabillo del ojo. — ¿Por qué no la traes tú?

—Pero entonces eso no sería trabajo agrícola.

—Hmmm.

¿Eso contaba como una especie de integridad? La elfa arquera movió sus orejas y rio. —Perfecto, entonces… estaba pensando en pedirte que hagas un trabajo.

— ¿Goblins?

—Absolutamente no. Dijo la elfa arquera con un movimiento de sus orejas. —Quiero que acompañes a esta chica de vuelta al templo.

— ¡¿Hwah?! La sacerdotisa no esperaba ser objeto de conversación. Se encontró siendo empujada por detrás hasta que estaba de pie frente a Goblin Slayer. Ella lo miró a él frenéticamente y la elfa arquera y viceversa. — ¡Oh! Uh! Estoy bien… sola. No está lejos…

—El camino abierto es un lugar peligroso por la noche. El chamán enano pasó una mano por su barba, con una sonrisa burlona en su cara. —Los goblins pueden aparecer en cualquier momento. ¿No es cierto, Corta barbas?

—Sí. Dijo Goblin Slayer con la mayor seriedad. — ¿Pero no se hospedan en la posada del Gremio?

—Sí, pero parece que tiene algo que hacer para el festival de otoño, ¿hmm?

Cuando la elfa arquera la miró en busca de confirmación, la sacerdotisa parecía incapaz de dar una respuesta. Era verdad, aparentemente, pero admitirlo significaría ser escoltada de vuelta al templo.

El sacerdote lagarto la acorraló aún más, añadiendo su voz al coro: —Harías bien en dejar que te acompañe.

—No es momento de ser tímida, muchacha.

—…

Todos sonaban muy serios. No pueden estar equivocados, ¿verdad? La sacerdotisa miró a cada uno, esperando encontrar alguna pista en sus caras, cuando Goblin Slayer empezó a moverse.

—Vamos. Y empezó  caminar con esa palabra contundente.

— ¡Oh, um, uh, s-sí, señor! La sacerdotisa se encontró corriendo tras él, ansiosa por no quedarse atrás.

Ella miró por encima de su hombro y encontró a los otros tres viéndoles irse, sus sonrisas sugiriendo que se divirtieron con la escena. Lo encontró extrañamente vergonzoso y sintió el calor elevarse en sus mejillas, pero hizo una reverencia ante ellos de todos modos.

— ¡Los veré, uh, mañana entonces!

Goblin Slayer se detuvo y pensó durante un momento, con su casco inclinándose un poco, y luego empezó a caminar de nuevo. La sacerdotisa se apresuró a alcanzarlo a medida que se alejaba más y más. Ella sólo lo alcanzó cuando él aflojó el paso.

— ¿H-has estado ocupado últimamente? La sacerdotisa le miró fijamente, luchando por controlar su respiración. Él llevaba el mismo casco de acero de siempre. Si el casco no hubiera ocultado su expresión, la oscuridad ya lo habría hecho.

—Sí. Dijo Goblin Slayer asintiendo. —Necesitaba algo de dinero.

— ¿Dinero…?

—Ya he ahorrado suficiente.

Hm. La sacerdotisa se llevó un pálido dedo a los labios, mirando el suelo, pensativa. Sintió un toque de insatisfacción, y un toque de preocupación. Ella no lo experimentó como celos, exactamente. Era tristeza, casi enojo, que él no la hubiera llamado. Él debería haberse sentido libre de hacérselo saber a ella.

Mientras ella estaba parada pensando, él seguía caminando, y ella hizo un esfuerzo para recuperar el terreno. No les llevó mucho tiempo llegar al templo de la Madre Tierra.

—Ya estamos aquí. Cuando Goblin Slayer habló, ella levantó la vista para encontrarse con la puerta del templo. El sol púrpura del crepúsculo se extendía a través de las paredes de porcelana; dentro, un fuego encendido por el reloj nocturno parpadeaba.

—Muchas gracias. Dijo la sacerdotisa, subiendo las escaleras hasta la entrada.

¿Estoy… bien con esto?

No. No, no lo estaba. Por eso se armó de valor y habló. Estaba segura de que su cara estaba roja, pero quizás entre el crepúsculo y la oscuridad, él no se daría cuenta.

— ¡U-um! La próxima vez que vayas a una aventura, a…asegúrate de decírmelo. Dijo con tanta fuerza como pudo.

—…

Goblin Slayer no dijo nada al principio y solo la miró. Pero después de un momento dijo —Está bien. Dio un inconfundible asentimiento con la cabeza. —Lo haré.

Eso era todo lo que la sacerdotisa necesitaba oír. Su cara se iluminó tan brillantemente que era obvio incluso en la oscuridad que era cada vez más profunda. — ¡Ok! Exclamó ella. — ¡Hasta mañana, entonces!

—Hasta mañana. Él murmuró, mirando como ella se giraba y desaparecía en el templo.

Por un momento él simplemente se quedó parado frente al edificio.

Hoy he conocido a mucha gente. Él ya había pensado eso antes.

Pero, reflexionó, no era exactamente cierto. Esas personas siempre estaban allí. Las cosas, en cierto sentido, habían cambiado. Pero en otro, no. Fue simplemente que él nunca lo había notado.

Él tenía la sensación de que muchas cosas se le habían escapado. Inspiró profundamente y luego lo dejó salir lentamente.

Pasó por delante del Gremio, todavía animado, y luego salió por el portón y se dirigió hacia el camino. Las lunas gemelas y las estrellas entre ellas, conspiraron para silenciar la sensación de oscuridad, aunque fuera de noche. Una brisa hacía agitar maleza, ofreciendo una agradable frescura.

Caminó silenciosamente por el sendero a su paso habitual.

Y entonces, a lo lejos, vio un único punto de luz. A la misma hora, en el mismo lugar de siempre. Había llegado a un lugar donde podía ver la luz de la granja.

Goblin Slayer aceleró un poco su ritmo. Pasó la pared de piedra que él y el dueño de la granja habían construido juntos y caminó a través de la cerca que había reparado, hasta la puerta.

Tras un respiro, Goblin Slayer estaba ante la vieja puerta de madera, pero no la abrió inmediatamente. Primero, buscó en la bolsa de objetos en su cintura, sacando una bolsa que estaba repleta de monedas de oro. Tenía un buen peso en su mano. Aflojó las cuerdas y revisó el contenido. Todo estaba en orden. Él lo guardó. Su casco de acero se movió a la derecha, luego a la izquierda. Finalmente, levantó la mirada hacia el cielo.

—Bien. Susurró débilmente, y luego puso su mano en el pomo de la puerta. La giró y empujó la puerta para abrirla.

Junto con el crujido de la puerta vino un calor relajante y un dulce aroma. Justo cuando se dio cuenta de que era algo hervido con leche, la chica que estaba en la cocina se dio la vuelta.

¡Phef! Hoy estuviste fuera hasta tarde. Parpadeó sorprendida, limpiándose las manos con el delantal y apresurándose en la cocina.

Cerró la puerta, entrando en la casa con cuidadosos pasos. Ella lo miró y vio la cesta que llevaba a su lado.

— ¿Qué pasa con el maíz? ¡Se ve bien!

—Un regalo. Dijo, poniendo la cesta sobre la mesa.

— ¿Ah, sí? Dijo ella, revolviendo la olla grande. Sin mirarlo, añadió —No encima de la mesa.

—Hrk.

—Al menos ponlo en una silla.

— ¿Dónde está tu tío?

—Dijo que tenía una reunión hoy. Llegará tarde.

—Muy bien, entonces. Tomó una silla con un traqueteo y puso la cesta sobre ella. El montón de maíz estaba allí sentado con orgullo, como si fuera el invitado de honor. Él gruñó y asintió.

Mientras tanto, ella había estado corriendo por toda la cocina. —Un momento, ¿de acuerdo? Estará listo pronto.

—Está bien. Dijo él. Se acercó a su silla, poniendo su mano en el respaldo.

— ¿Hm? Ella miró por encima de su hombro cuando él no mostró signos de sentarse como lo solía hacer. Ella lo encontró de pie junto a la silla, en silencio.

Hmm… secándose las manos en el delantal, dejó el fuego y caminó hacia su lado. Normalmente es mejor que yo se lo saque cuando se pone así.

— ¿Qué pasa? Ella se inclinó hacia delante, como intentando ver su cara bajo su yelmo.

Ese casco familiar. Ocultaba su expresión, y aún así, ella tenía una buena idea de lo que había debajo.

—Mm. Se quedó en silencio un momento antes de decir finalmente —Nada. Después de otro momento, dijo —Antes de comer…

— ¿Si?

—…hay algo que quiero darte.

Poco a poco las palabras salieron de su boca, y luego él rebuscó en su bolsa de su objeto. Sacó la bolsa de monedas de oro que había estado comprobando antes. Tintinearon cuando lo puso sobre la mesa.

Ella parpadeó, sorprendida. — ¿Qué es esto? Pensé que ya habías pagado la renta de este mes.

—No es la renta. Habló con más franqueza de lo habitual. —Feliz cumpleaños.

— ¡Oh! Ella aplaudió. Él tenía razón. Había estado tan ocupada, que había completamente olvidado eso.

Mañana es mi decimonoveno cumpleaños.

—No sabía qué comprarte, así que pensé que sería lo mejor. Dijo, empujando la bolsa hacia ella. Podría haber sido problemático envolverlo, pero aún así, estaba en una bolsa de cuero excepcionalmente ordinaria y sin decoración. Y estaba llena de dinero. Como regalo de cumpleaños, no era muy bueno.

—Sabes, tú… Un sinnúmero de expresiones pasaron sobre la cara de la granjera, todas difíciles de leer. ¿Debería estar enfadada? ¿O molesto? ¿O fastidiada, o triste? Finalmente se decidió por una sonrisa de desconcierto.  —…no tienes remedio.

Ella abrazó la bolsa de monedas de oro a su pecho de la misma manera que una niña lo haría con una muñeca nueva.

—Actúas como si no supieras nada, y justo cuando pienso que tal vez sabes una cosa o dos… resulta que realmente no sabías nada.

—Erk…

—Si no estás seguro de qué comprar, llévame contigo. Podemos elegir algo juntos.

Eso es lo que realmente quiero.

El gruñó suavemente a sus palabras, y luego asintió de arriba y hacia abajo lentamente. —…Lo entiendo.

—Esa respuesta no inspira confianza. Te lo agradeceré… una vez que hayamos elegido mi regalo. Ella rio, dándose cuenta de que le estaba sermoneando, y le dio unas palmaditas en la espalda. —Tengo grandes esperanzas en el festival de la cosecha, ¿de acuerdo? Ella estaba sonriendo. No sonaba como si esperara mucho.

Así que ella no lo tomó muy en serio cuando él dijo —Lo pensaré.

—Claro, claro. De todos modos, siéntate. ¡La cena está lista, vamos a comer!

Luego puso sus manos sobre sus hombros, ensanchados por su armadura, y lo guio hasta la silla. Ella se dirigió de nuevo a la cocina, pero se dio la vuelta cuando un pensamiento cruzó su mente.

—Oh, sí, olvidé algo importante. Ella se aseguró de darle la sonrisa más brillante que pudo. — ¡Bienvenido a casa!

—Gracias. Él asintió, moviéndose en silencio en su silla. —Estoy de vuelta.